Zoológico humano nos ofrece una cosmo mirada que va focalizando las transescenas particulares de la vida. Un viaje a la duda entre abundantes referencias históricas y literarias, pero tomadas como por azar, pues creo que trata de mostrar, más bien, la repetición antes que la diferencia. «¿Armar recorridos por el Tibet de 2050, por la Nueva York de 1982, por la Luna de 1972, por el valle del Somme de 1916, por el París de 1851, por la Lisboa de 1755, por la Santa Fe de Bogotá de 1687?». Es sobre todo, una novela de la muerte, sin sangre, como toda la violencia que se denuncia. Tras una narrativa aparentemente cotidiana queda en entredicho el sentido de nuestras vidas paródicas y el reto a interpretarnos como cómicos o dramáticos, a la altura de nuestro talento dramatúrgico. ¿Estás listo para morir? ¿Pero está valiendo la pena vivir?, pregunta un ángel o un demonio antes del juicio. Destaco de la novela la exótica esencia de los seis personajes principales y cómo van calando en una...
M ayorga, el inquietante. Como el propio autor plantea respecto de este drama, “es una obra sobre maestros y discípulos; sobre padres e hijos; sobre personas que ya han visto demasiado y personas que están aprendiendo a mirar. Una obra sobre el placer de asomarse a las vidas ajenas y sobre los riesgos de confundir vida y literatura. Una obra sobre los que eligen la última fila: aquella desde la que se ve todas las demás”. Hace algún tiempo vi Intensamente azules y El mago, y evidentemente resulta fascinante, en aquellas como en esta, su destreza en la búsqueda de perspectivas. Carlos Thiebaut, en el epílogo de El chico de la última fila, “Los cinco intentos de interpretación…”, sugiere como claves de análisis para sus interpretaciones: a. El enseñar y el poder; b. El juego de la vida y la tragedia; c. Representar la performatividad; d. El poder central de los márgenes; y f. La tercera figura y su escucha.
Tierras muertas es el retrato de unos pocos personajes, todos viscerales y desconcertados, que ponen el foco en una masía de la Cataluña profunda. El horror cotidiano es narrado con abrumadora sinceridad, o para ser más precisa, sin tapujos ni censura, la abominación que gesta la miseria. Como si la vida fuera un juego de enajenados acontecen los hechos. O quizá se deba a las naturalezas humanas la brutal propensión a la atrocidad (la trama es sumamente violenta) y las desproporcionadas fracciones de maldad de las bestias humanas. En los dramas de las sierras tradicionales siempre ha habido una excusa literaria para la depravación y la marranería moral; sin embargo, aquí se remite a la mera acción: existe la maldad o “les falta una tuerca”, como sospecha Pere. Es horror doméstico y barbarie. Vidas condenadas: “Con el tiempo me he dado cuenta de que la maldad es como la morfina. Que con un poco al principio tienes suficiente, pero que casa vez necesitas más para sentirte mejor e inclus...
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